¿Tus encías sangran o están inflamadas? Puede ser enfermedad periodontal

Las encías sanas no sangran. Si notás sangrado al cepillarte, inflamación o mal aliento persistente, puede haber un problema que conviene tratar antes de que avance.

¿Qué es la enfermedad periodontal?

Es una infección de las encías y el hueso que sostiene los dientes. Empieza como gingivitis (encías rojas e inflamadas) y, si no se trata, puede avanzar a periodontitis — que es la principal causa de pérdida de dientes en adultos.

Señales de alerta

  • Encías que sangran al cepillarte o al usar hilo dental.
  • Encías rojas, hinchadas o que se separaron del diente.
  • Mal aliento que no se va con el cepillado.
  • Dientes que se mueven o cambiaron de posición.
  • Sensibilidad en la raíz (encía retraída que expone parte del diente).

¿Cómo se trata?

  1. Evaluación periodontal. Revisamos las encías, medimos las bolsas periodontales y pedimos radiografías si hace falta.
  2. Limpieza profunda (raspado y alisado). Se elimina el sarro que está debajo de la encía — donde el cepillo no llega.
  3. Control y mantenimiento. Después del tratamiento, hacemos seguimiento para evitar que el problema vuelva.

¿Se puede prevenir?

Sí. Con buena higiene y limpiezas profesionales periódicas. Si ya tuviste problemas de encías, el control regular es fundamental.

La información en esta página es orientativa. La enfermedad periodontal tiene distintos grados y requiere evaluación profesional.

Preguntas frecuentes

¿El sangrado de encías es normal?

No. Las encías sanas no sangran. Si te sangran al cepillarte, es una señal de que algo no está bien.

¿La enfermedad periodontal se cura?

La gingivitis es reversible con tratamiento. La periodontitis no se revierte pero se puede controlar y estabilizar.

¿Puedo perder dientes por las encías?

Sí. La periodontitis destruye el hueso que sostiene los dientes. Es la primera causa de pérdida dental en adultos. Por eso conviene tratarla a tiempo.

¿Tiene relación con otras enfermedades?

Sí. La enfermedad periodontal se ha asociado con diabetes, enfermedades cardiovasculares y complicaciones en el embarazo.